domingo

JUVENAL BOTTO R. (Uruguay)


LA VERDADERA VIDA


EL Niño colgado.

Introdujo al niño dentro de un canasto, que colgó de la pared suspendido de un clavo y salió a trabajar.
Después se olvidó de él y transcurrieron tres años.
Un día el niño tuvo hambre y con el pulpejo del índice golpeó
varias veces tac...tac-tac..tac...
La madre lo oyó y le dio de comer, porque el niño había aprendido el lenguaje de las aves.


Huelga de hambre

En la gran ciudad se les conoce como niños-pájaro, pájaros-
frutero, niños de la piel dura, hijos de terokal y del abandono...
porque están solos desde siempre como si hubieran nacido de nadie.

En la zona minera de la sierra central adhieren a las reivindicaciones que alguna vez plantean sus mayores, y los niños hambrientos son solidarios: acompañan en la huelga de hambre.

El tesoro de Cumarini.

No lejos de la cuidad que es el ombligo del mundo hay un pueblo insignificante que no registra el mapa y en él una iglesita cuyas puertas ornamentales a fuego y que conservan los vivos colores, registran la historia verdadera.
Un hombrecito contrahecho franquea la entrada girando la pesada llave de hierro y permite contemplar la riqueza de los altares y admirar óleos valiosos que revisten los altos muros.
Si ve tu óbolo, acaso diga: -Para los amigos hay algo que deseo mostrar...
Un pasadizo debajo del altar mayor conduce a un terral adonde están cayendo unas pocas tablas sostenidas por alambres, detrás de las cuales es posible ver y tocar una gran cantidad de objetos del antiguo arte religioso, cálices, coronas, trípticos, copones, todos muy pesados porque son de plata y de oro macizos de valor incalculable.
Cuando sales puede ser la hora de la siesta en el pueblo dormido, tal vez pasten animales en el espacio abierto que funcional como plaza, una escena pastoral o eclógica.
Si te atreves a atisbar por la puerte entreabierta de alguna choza, has de ver cómo los humanos comparten el suelo de tierra con los camélidos.
Pero a la vuelta, no olvides detenerte un instante al borde de la ruta solitaria para contemplar la montaña majestuosa y el abismo insondable, que te haría exclamar:
-¡ He aquí un mundo perfecto...!




Toro Mata (Cuentos del Ande)
Montevideo/Perú, 1986.

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