domingo

TRIUNFO ARCINIEGAS (Colombia)


EL PEQUEÑO CABALLO QUE COMÍA NUBES AL DESAYUNO

A este caballo le gustó brincar desde chiquito.
Nació con aquella afición en un campo de tréboles a finales de junio. Pronto dio un brinco tras otro, acercándose al horizonte. Su pobre madre dio un grito de asombro y nunca más lo vio.
Se perdió brincando aquel caballo blanco.
La lluvia y el viento lavaron y secaron su cuerpo, brillante como
la lluvia, suave como el viento. Siempre fue pequeño. Tenía una
manchita gris en la oreja izquierda.
Este inquieto caballo de ojos negros, que no creció mucho, saltaba piedras, cercas de alambre, árboles de todo tamaño. No se quedaba
quieto ni para comer.
Al fin aprendió a saltar montañas, pequeños montes, colinas y al fin montañas respetables, hasta que alcanzó su dorada meta, el sueño de su vida: morder una nube.
El viento arrastró la nube mordisqueada. Parecía una muchacha con el vestido desgarrado. Como si la hubieran perseguido los perros.
Le gustó la nube, le gustó muchísimo, se saboreaba el pequeño caballo en la mesa del viento. Se quedó toda la tarde tendido en el prado, entre los tréboles y las margaritas, feliz y satisfecho, entre las libélulas que venían a zumbarle en las orejas porque eran sus amigas.Me comeré toda una nube,se dijo.
Y así fue: sus saltos mejoraron prodigiosamente. No había nube que se le escapara, por mucho viento que hiciera.Se hizo más saltarín y más veloz que nadie, que nunca. Se acostumbró a desayunar con nube. Vivía pendiente, como el perro que espera el cartero detrás
de un árbol para morderle el trasero.
Se volvió exigente: se lanzaba a la nube más bella, más luminosa,
más difícil. Nunca fallaba.
Ahora lo difícil era caer, su cuerpo de libélula y algodón demoraba una eternidad en caer. Ciertamente los huesos se le llenaban de nube. Lograba mantenerse en el aire como un colibrí. Llegó el caso que saltaba en la mañana, temprano, y caía en la noche, en lo oscuro, a veces al otro día.
Pero no se daba cuenta: vivía extasiado, imaginando la próxima
nube. Aquella parecía un pájaro, aquella una oveja asustada, aquella una flor.Y aquella, una estrella. Así vivía.
Le gustó dormir junto a la luna. Se ovillaba y se dormía, nadie se daba cuenta. No molestaba. Se volvió aún más blanco, luminoso, casi transparente. La mancha de la oreja se le borró.
Se hizo tan liviano que el viento lo arrastraba, que de pronto se le veía saltar de nube en nube, tan blanco y luminoso, mientras el viento lo arrastraba.
No se le volvió a ver.
Se volvió nube.


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